Abrazo

Siento que lo más fácil cuando escucho la palabra abrazo es imaginar, visualizar o sentir el hecho de que otra persona te rodee con sus brazos, o que yo rodeo con los míos a otra. Movida por las emociones del amor, la ternura, la alegría, la compasión. Sin duda abrazar y ser abrazado es una necesidad básica para ser feliz.

En este caso quiero escribir sobre otro aspecto del abrazo, básico y vital para la tan esperada felicidad. El más íntimo y real; el auto-abrazo.

El abrazarse a una misma en todos los aspectos de la vida, de la práctica, de la cotidianidad. Escribiendo desde un punto de vista yóguico, quiero abrazar cada uno de mis pasos, los que van hacia delante, los que retroceden, los que se quedan parados y quizá por un tiempo atascados.

Me siento a meditar… abrazo cada uno de los pensamientos, emociones, imágenes que no me dejan encontrar el maravilloso foco de atención consciente hacia por ejemplo, la respiración. Sin lucha… con abrazos. Abrazo cada uno de los aspectos de mi ser, los que lucen brillantes y los que grises proyectan mis sombras.

En mi práctica de asanas; abrazo mis limitaciones, mis bloqueos, mi falta de fuerza o de flexibilidad. Aquí también honro el abrazo consciente de mi cuerpo hacia su maravilloso esqueleto que lo sostiene, hacia el eje central desde el que puedo expandirme y entregarme en esa eterna pulsación de activar (abrazar) y relajar (entregar) en la que se basa mi práctica.

Abrazo el ser querida o dejar de serlo, el que hagamos camino al andar o que nuestros caminos se bifurquen para crecer de manera diferente.

Abrazo a madre, a mi amado, a todos los seres que me aman y a los que no (aunque sólo cuando me salga del corazón), a mis perros… a la vida! Porque sin abrazos, para mí nada tiene sentido.

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